Google+ Agapornix esquizofrenico: Cuéntame un cuento

Friday, April 6, 2012

Cuéntame un cuento

A petición popular, regresamos con uno de los relatos más trepidantes del S.XX

Si te acabas de incorporar a esta narración y no tiene ni idea de que va, pues puedes recordar la primera y segunda parte del Capitulo 1.


Capitulo II: Titán. 

Habían pasado varias semanas desde el encuentro nocturno con el jornalero, pero ella esperaba todas las noches a que el moreno volviera a su habitación. Eso nunca ocurrió.
Richard seguía tan distante como siempre y Madelaine intentó volcar todo el amor que no podía dar a su marido en sus hijos: Patrick y Suellen. Los chicos eran ya mayores y no vieron con buenos ojos el repentino ataque de amor materno que había asaltado a la mujer. Ambos se habían criado bastante al margen de sus padres por lo que eran suspicaces a perder la libertad a la que habían estado acostumbrados practicamente desde su más tierna infancia. Los chicos no daban problemas pero tampoco ayudaban a solucionarlos. Patrick era el mayor, tendría unos 18 años. Era un apuesto muchacho de tez morena y unos expresivos ojos verdes. Tenía un atlético cuerpo que cuidaba haciendo ejercicio todos los días: iba  a nadar al río, montaba a caballo, y levantaba montañas de heno. Tenia un carácter bastante cerrado pero quería a su madre. No se le conocía novia alguna, aunque se rumoreaba que le gustaba acechar a las hijas de los jornaleros. En varias ocasiones había tenido que huir de varios padres “demasiado protectores”. Suellen era más tranquila que su hermano. Era una verdadera preciosidad. Tenia una larga melena morena que peinaba con grandes tirabuzones, unos vivos ojos negros y una boca roja como el carmín.
Aun así, Madelaine no se sentía realizada. Era tan grande el amor que le quemaba por dentro que se sentía frustrada porque nadie de su familia, de la familia que ella había formado, aun a sabiendas de que sus padres la repudiaban por eso, nadie la quería del mismo modo.
Así que su única válvula de escape era fantasear con el muchacho que había conocido en la plantación y que furtivamente había robado su corazón. Aprovechaba cualquier ocasión para acompañar a su marido a pasear por los campos, cabalgaba con Suellen todas las tardes por los pastos por los que había visto por primera vez al chico, pero nada, nunca mas lo volvió a ver. De esta forma Madelaine se fue volviendo cada vez mas ausente, fingía cuando su marido la tocaba, que eran pocas ocasiones porque volvía cansado de la habitación de la criada.
Una noche Richard volvió pronto a la cama, mas temprano que de costumbre, ya que Camille había ido a cuidar a su tía enferma. Madelaine dormitaba en la amplia habitación colonial, llevaba su camisón de hilo y estaba más pálida que nunca. Su piel casi traslúcida dejaba adivinar el recorrido de sus venas por sus finos brazos, su pelo suave como la seda enmarcaba su rostro como tallado en mármol. Richard no la recordaba tan bonita desde hacia mucho tiempo. Se acercó hasta la cama y le acarició el cabello. Ella se despertó sobresaltada y le miró con una mirada tan fría y distante que Richard creyó no conocer a la mujer que estaba observando. El esposo herido en su masculinidad se abalanzó sobre la mujer e intentó besarla. Ella lo apartó de un empujón y saltó de la cama.
- ¿Qué pretendes Richard? ¿Qué me conforme con las sobras?-
- No entiendo qué quieres decir. ¿De qué sobras estas hablando?- inquirió éste, algo sorprendido- ¿Acaso un marido no puede besar a su esposa?-
- No cuando lo hace porque su amante se ha ido- replicó Madelaine
Richard se quedó helado. Aun así le respondió
- ¿De que amante me estas hablando, mujer? Ya sé, es otra de tus neuras verdad. No estas contenta con amargarte la vida a ti misma pensando en imposibles y desando lo que no puedes tener, que también tienes que arrastrar a los demás en tu locura.-
- ¿Locura? Acaso es locura querer que mi marido, el hombre por el cual renuncie a mi apellido, mi sangre y mi familia, me dedique un poco de su tiempo, de su cariño, de su amor. Es locura que pretenda vivir una vida feliz junto al hombre que amo. Si eso es locura, Richard, estoy loca.-
- No pienso seguir escuchando tus desvaríos- dijo él perdiendo la paciencia- tú eres mi esposa y es tu obligación adorar y servir a tu marido sin oponer resistencia. Así que quítate el camisón y vamos a la cama-
Diciendo esto Richard se abalanzó sobre Madelaine, esta corrió por la habitación y pronto se enzarzaron en una frenética carrera por la habitación. Finalmente, Richard consiguió atrapar a la mujer, cayeron al suelo y se puso encima de ella, ésta intentó zafarse de él, pero el hombre era fuerte. De pronto,  Madelaine agarró su zapato y le dio un fuerte golpe en la cabeza a su marido. Este lanzó un grito y la soltó. Este momento lo aprovechó ella para salir corriendo por la terraza, bajo rápidamente las escaleras, que comunicaban con el jardín y corrió alejándose de la casa. Corrió durante varios minutos y de pronto se detuvo frente al granero donde se almacenaba el heno. Entró en él y decidió pasar allí la noche, pues dentro del granero se estaba caliente.

Continuará....

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