Google+ Agapornix esquizofrenico: Cuéntame un cuento....

Wednesday, July 6, 2011

Cuéntame un cuento....

Hoy quiero hacer un experimento.

Es algo que siempre he querido hacer y que nunca me he atrevido...pero que quiero compartir con vosotros.

Os contaré una historia. Una historia que escribí hace mucho tiempo. Mucho tiempo. Y que, quizás sólo se entienda viéndolo en perspectiva... Yo era joven e inexperto. Mi mente funcionaba de otra manera y mis circunstancias eran otras....pero la esencia es la misma.

Por supuesto, este delirio no fue sólo obra mía, yo la plasmé en papel . Tres cabezas fueron los creadores de esta stravaganza. Quizás guste. Quizás no. Pero yo lo voy a intentar. Por supuesto, se irá desvelando poco a poco. Algo así como una telenovela digital.

Bienvenidos a SIP.


Capitulo 1. La plantación de los Kendal


La plantación de los Kendal amaneció tranquila ese día. Era esta una de las plantaciones más famosas de Georgia. Sus vastos campos de algodón se extendían varios kilómetros. Dentro de los limites de las Doce Mazorcas, se encontraba un pequeño lago que servía para que la familia se refrescara en las calurosas tardes del sur. La casa del patrón se erguía en lo alto de una de las colinas. Dos grandes columnas enmarcaban la gran puerta principal. Una vez traspasado el umbral, unas amplias escaleras comunicaban con el piso superior, donde se encontraban los dormitorios, el despacho del señor y la sala de labores de la señora. También estaban en este piso las habitaciones de los chicos y las habilitadas para recibir invitados. En la parte inferior, se hallaba el gran comedor, la biblioteca y el amplio salón. Éste comunicaba con el jardín gracias a unas amplias puertas acristaladas, que Richard había hecho traer de Florencia. Los azulados tonos de los cristales se proyectaban sobre las paredes al atardecer, esto confería a la estancia un ambiente que invitaba al sueño, el recogimiento y la nostalgia. Las dependencias de los criados se encontraban al otro lado del patio interior. A este patio se accedía mediante una puerta que estaba situada al lado de la biblioteca. Este corral tenia en su centro un pozo, del cual sacaba el agua, todos los días Luya, la cocinera. Una vez atravesado el patio se entraba en la cocina. Era esta amplia habitación con una funcional disposición de sus muebles, para que la cocinera y sus ayudantes pudieran trabajar con toda tranquilidad. Tenía los fogones a un lado, una enorme mesa de madera, para la manipulación de los alimentos, bordeaba toda la habitación de manera que las mujeres disponían de un gran espacio para sus trabajos culinarios, al otro lado de la pieza estaba la despensa. Se trataba de un amplio cuarto metido en la pared donde se almacenaban los víveres que se cultivaban en la huerta. La huerta estaba en la parte de atrás de la casa, junto al gallinero y los establos. Mas allá, a unos pocos metros se encontraba el granero, donde se almacenaba el heno para las vacas.
Todo estaba como de costumbre. Richard había salido a cabalgar por los campos de algodón para supervisar las tareas de recolección y Madelaine estaba haciendo ganchillo. La mañana transcurrió sin sobresaltos en “Las Doce Mazorcas” hasta que por la tarde:
- Madelaine, acompáñame a dar un paseo en el carro- dijo Richard a su esposa.
Ella aceptó de mala gana la invitación porque hacía tiempo que había dejado de sentir por su marido la pasión que, años atrás, había hecho que se escapara de casa, abandonado a su familia y enemistado con su padre por el resto de sus días. Richard, sin embargo, nunca había sido un hombre cariñoso y quizá fue eso lo que cautivó a la dulce campesina que se paseaba con sus hermanas, al atardecer, por la orilla del río donde Richard, el capataz de su padre traía al ganado a beber. Ella se sintió rápidamente cautivada por aquel hombre fuerte, de tez morena por las largas horas al sol, de manos callosas por las riendas de su caballo y esa mirada insolente con la que la observaba cuando paseaba por el río.
Su primer encuentro tuvo lugar una noche en la que Madelaine paseaba sola por el jardín de su casa, cortaba magnolias a la luz de la luna. Llevaba un amplio vestido blanco que dejaba al descubierto buena parte de su nívea piel. Era verano y hacía un calor insoportable. De pronto, oyó un ruido tras ella, se giró asustada y descubrió entre las adelfas al fuerte capataz. Al principio ella intentó volver a la casa, pero él se puso delante, la agarró fuertemente de la nuca, le dio un apasionado beso y la poseyó. A partir de ese día, todas las noches después de la cena, ella salía al jardín con la excusa de tomar el fresco antes de dormir, para encontrarse con su amante.
En esta situación estuvieron durante un mes, hasta que una noche Richard, después del revolcón, le dijo:
- Amor, no podemos continuar así. Tu padre empieza a sospechar, ya no rindo como antes en el trabajo y comienza a hacerme preguntas. Si descubre lo nuestro me echará y nunca más volveré a verte.-
- Lo sé, para mí también es difícil mantener esta situación. Estoy inquieta durante todo el día hasta que llega la noche y nos encontramos. Sería horrible no verte más. Sí te fueras yo... -
- No hables más querida. Tengo la solución.-
Así que la menor de los Kendal quedó embarazada del capataz de su padre. Éste, para evitar el escándalo, los casó en secreto. A él le dio unos cuantos dólares y una pequeña casita y nunca más volvió a saber de su hija.


Continuará....

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