Google+ Agapornix esquizofrenico: Cuéntame un cuento...

Wednesday, August 3, 2011

Cuéntame un cuento...

Creo que hoy es el día para continuar con la historia que comenzamos hace unos días:


Capitulo 1 (2ª parte)"Era una apacible tarde de primavera en el sur de Georgia. Los campos se llenaban de la brillante claridad del mediodía, la cual se hacía más intensa por el blanco del algodón que contrastaba con la oscura piel de los jornaleros. Richard y Madelaine iban en el carruaje paseando por la extensa plantación que había adquirido el primero en una partida de póker. La hermosa Madelaine llevaba un sutil vestido blanco inmaculado, una sombrilla para protegerse del sol y un gracioso sombrero que acababa de confeccionar esa misma tarde. Paseaban manteniendo una animada conversación sobre los adelantos que estaba teniendo la plantación que, tras los primeros años de penurias, se había convertido en una de las principales de la comarca.
Corría una suave brisa que movía lánguidamente la larga melena rubia de Madelaine. De pronto, se encontraron con una partida de jornaleros que volvía de sus labores de recolección. Richard los paró y conversó con ellos. Su esposa, mientras tanto, permanecía absorta, callada y con los ojos muy abiertos. Miró con sus grandes ojos verdes de gata hacia un grupo de esclavos que seguía trabajando en la plantación. Estaban apilando heno para las vacas. De repente, de detrás de uno de los montículos, apareció él. Era un muchacho negro que no tendría mas de 18 años. Poseía una amplia musculatura debido a las largas jornadas de duro trabajo. Su piel de ébano relucía por el brillo del sol y de sudor. Su rostro era tosco, de facciones duras, pero con unos grandes y expresivos ojos que cautivaron a Madelaine de la misma forma que ya lo hiciera Richard años atrás. El jornalero no había reparado en la presencia de la patrona y seguía trabajando, con el torso descubierto, haciendo unos suaves movimientos mientras amontonaba el heno. Ella lo miraba fijamente. Algo ardía en su interior. De pronto, él la miró. Sus pupilas se encontraron. Ella se sintió fuertemente atraída hacia él. Habría saltado del carro y se habría entregado a los brazos de aquel hombre, pero no lo hizo. De repente, percibió un murmullo en su oreja y que alguien le tocaba la mano.
- Mady, ¿te encuentras bien? Estás pálida.-
- ¿Qué? No... no es nada, querido. Solo estoy... un poco mareada. Debe ser a causa del sofocante calor que emana el astro rey. Anda, volvamos a casa.-
Estaba atardeciendo cuando la pareja llegó a la casa. Madelaine subió a la habitación a darse un baño y Richard se dirigió a la biblioteca. Allí tomo una copa de coñac y ojeo un libro. Estaba leyendo Othello.
Súbitamente, entro en la biblioteca Camille, la corpulenta ama de llaves negra, anunciando al señor que la cena estaba servida. La familia Kendal cenó en silencio, como siempre.
Después de la cena, la señora de la casa subió al dormitorio y Richard volvió a la biblioteca. Allí permaneció hasta bien entrada la noche. Cuando por fin salió, no se dirigió a su habitación, no, sino que atravesó el patio de servicio y se dirigió a la habitación de la criada. Llamó suavemente a la puerta y una voz respondió dentro:
- Pasa, te esperaba. Hoy has tardado.-
Richard cerró la puerta tras de sí y pasó la noche entre las sabanas de la ama de llaves.
Mientras Richard estaba dándolo todo en el cuarto de Camille, Madelaine no podía pegar ojo. No porque se extrañara de que su marido no volviera a la cama (hacía ya tiempo que eso pasaba), sino porque no podía apartar de su pensamiento la figura del jornalero que había visto esa tarde en la plantación. Estaba tendida en la cama, vestida con un aéreo camisón beige y el pelo suelto. La ventana de la habitación estaba abierta debido al sofocante calor que hacía esa noche. Se estaba levantando una delicada brisa que hacía que las blancas cortinas se hincharan como las velas de un barco. De pronto, notó una presencia tras los visillos. Madelaine se incorporó en la cama. El camisón dejó al descubierto su blanco hombro izquierdo. Había algo en la terraza. Se levantó de la cama y, lentamente y en silencio, se aproximó a la ventana. Una fuerte ráfaga de viento hizo que las cortinas se hincharan enormemente. La brisa había hecho que el camisón de Madelaine se pegara a su cuerpo y su melena flotara tras ella. En ese momento, un rayo iluminó la habitación y pudo ver con toda claridad la corpulenta figura del muchacho. Se quedaron mirándose el uno al otro por unos segundos, como lo hubieran hecho en el campo. Éste se aproximó hacia ella entrando así en el dormitorio. Había comenzado a llover y brillantes gotas de lluvia caían por la cara del efevo. Era un espectáculo formidable. Ella se dejó arrastrar por la pasión y se acerco rápidamente hacia él, pero antes de que hubiera podido tocarlo siquiera, notó que Richard volvía de la habitación de la criada. Miró hacia la puerta y, cuando volvió la vista a la ventana, ya no había nadie. Salió entonces a la terraza. Llovía con toda intensidad, en pocos segundos se empapó por completo. El camisón se le había pegado íntegramente al cuerpo, remarcando perfectamente su pecho y sus caderas.
- ¿Se puede saber que estás haciendo ahí?- gritó Richard mientras la arrastraba del brazo- ¿Quieres ponerte enferma o qué?-
- Lo siento tenía un calor horrible y... –
- Está bien, sécate y vamos a dormir- dijo ásperamente el capataz- Mañana hay que madrugar-
Madelaine estaba de pie al lado de la cama secándose. Observó como se desnudaba su marido. Había cambiado. Ya no era aquel fornido hombretón que la levantaba con un solo brazo y se la llevaba a cabalgar por las colinas. A pesar de todo seguía conservando un cuerpo atlético, pero los años empezaban a hacer mella en él, igual que en ella. Sin darse cuenta y como movida por una fuerza ajena a su voluntad, se quitó el camisón y avanzó hacia su marido. Él estaba sentado al otro extremo de la cama de espaldas a ella. Comenzó a besarle el cuello y los hombros. Él se apartó.
- Esta noche no. Estoy cansado. Ya te he dicho que tengo que madrugar- dijo con aspereza.
Madelaine, que sabía perfectamente la razón de su cansancio, se cubrió, se recostó en la almohada y lloró hasta que el sueño la rindió.

Cuando despertó a la mañana siguiente, Richard ya no estaba a su lado."


Continuará....

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